Muchas veces puedes cagarla hasta límites insospechados, pero diciendo la frase adecuada todo, o casi todo, puede arreglarse…
Se esfuerza en abrir los ojos, y lo primero que ve es un par de aspirinas y un vaso de agua en la mesita de noche.
Se sienta y ve su ropa toda bien limpia y planchada frente a él.
Luis mira alrededor de la habitación y ve que todo está en perfecto orden y limpio. El resto de la casa está igual, coge las aspirinas y ve una nota sobre la mesa:
“Cariño, el desayuno está en la cocina, salí temprano para hacer unas compras. Te quiero.”
Así que va a la cocina, y cómo no, ahí estaba el desayuno y el periódico del día, su hijo también está en la mesa, desayunando.
Luis le pregunta:
- “Hijo, ¿que pasó ayer por la noche?”
Su hijo le contesta:
- “Bien, pues volviste después de las 3 de la madrugada, borracho como una cuba, meado, cagado e insultando a todos, rompiste 3 sillas, le pegaste un puñetazo al cuadro de los abuelos, vomitaste en el pasillo y te pusiste un ojo morado cuando te diste contra la puerta del cuarto de baño…”
Confundido, Luis pregunta:
- “¿Y cómo es que todo está tan limpio y ordenado, y el desayuno esperándome en la mesa?”
Su hijo le contesta:
- “¡¡Ahhh, eso…!! Mamá te arrastró hacia el dormitorio y cuando intentó sacarte los pantalones, tú gritaste:
¡¡¡QUIETAAAAAAAAAAAA PEDAZO DE PUTA, QUE ESTOY CASADO!!!”
Conclusiones:
Una resaca autoinducida – 100€
Mobiliario roto – 2000€
Desayuno – 20€
Decir la frase adecuada… NO TIENE PRECIO!!!
Gracias Gonzalo.







2 Comentarios ↓
alfredo el 25 de Noviembre de 2008 a las 13:38
¡¡¡Esplendido!!!!
jorge el 15 de Febrero de 2009 a las 14:27
q bueno
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